
16 de mayo de 2012
Discurso del Presidente

Excmo. Sr. Presidente de la Comunidad Autónoma de Aragón.
Excmas. e Ilmas. Autoridades.
Señoras y señores,
Amigos,
Bienvenidos a la sede de las Cortes de Aragón. Bienvenidos al Palacio de la Aljafería, casa de todos los aragoneses. Gracias por su asistencia a este tradicional acto en el que el Parlamento conmemora el Día de Aragón.
La celebración de este día es siempre un motivo de orgullo para todos los aragoneses. Acabamos de pasar dos procesos electorales sucesivos y nuestra séptima legislatura apenas acaba de comenzar, una legislatura que se presenta con grandes retos para la Comunidad autónoma.
Los nuevos diputados y diputadas traen aire fresco a esta Cámara y pueden infundir ideas nuevas para contribuir a dinamizar la actividad parlamentaria.
Por nuestra parte, los diputados veteranos debemos ser capaces de transmitir la experiencia y la ilusión renovada de trabajar por el bienestar de los aragoneses.
Entre todos los representantes públicos hemos de engrandecer y ennoblecer la vida política, haciendo una labor constante de pedagogía y aportando un plus de esfuerzo para superar el desapego político y vivir el espíritu ciudadano colectivo, tanto desde el Parlamento como desde el Gobierno, las corporaciones locales, las comarcas y todas las instituciones.
Señoras y señores, mirado en la doble vertiente de la política nacional y de la vida política aragonesa, 2008 podría catalogarse como año realmente extraordinario.
Ante todo por las efemérides que en él se celebran. Este año cumple tres décadas nuestra Carta Magna, la Constitución, una celebración que nos recrea una saludable realidad política que contrasta con los insanos recuerdos de una forma de gobernarnos reñida con la razón y con la ética.
También se cumplen ahora treinta años de aquella impresionante y pionera manifestación autonomista del 23 de abril de 1978, y visto con perspectiva, puedo afirmar con orgullo que nadie como los aragoneses ha demandado su autonomía de forma tan masiva, perseverante y cívica.
Igualmente se cumplen 30 años de nuestro primer gobierno preautonómico y 25 de la puesta en marcha de las grandes instituciones aragonesas, entre ellas, claro está, las Cortes de Aragón.
Hoy contamos con un Parlamento plenamente engarzado con las preocupaciones actuales y atento a modos y objetivos estrictamente democráticos.
Un cuarto de siglo de vida ya de nuestro Parlamento, que se erigió sobre la base del Estatuto aprobado un año antes, en 1982, nuestro primer Estatuto de Autonomía aparte del precedente nonato de Caspe de 1936.
Seis legislaturas ya y la séptima recién comenzada certifican lo acertado de la apuesta por la descentralización política, el autogobierno, en definitiva, el acercamiento de la administración a los ciudadanos.
En este tiempo se han forjado en el seno de estas Cortes dos o tres generaciones de políticos aragoneses que han sabido extraer las mejores esencias de la vida parlamentaria: el debate, la argumentación, la controversia dialéctica y el compromiso. Y que han dejado un legado vivo en una institución que puede y debe contemplar el futuro con orgullo y confianza.
El Parlamento procura algo que ninguna institución democrática es susceptible de proporcionar: la lucha de las palabras, la polémica enriquecedora, el reconocimiento del otro y la constancia viva de que es el contrario el que puede tener razón. A lo que se suma que es escuela de oratoria, casa natural de la oposición y lugar natural donde el gobierno ha de rendir cuentas de su gestión. Es decir, nos encontramos ante la pieza central sobre la que pivota la actividad política de la Comunidad.
Coincidiendo con nuestro vigésimoquinto aniversario, dentro de pocas semanas, diferentes estancias de las Cortes de Aragón se embellecerán con magníficos objetos procedentes del Museo Arqueológico Nacional y del Museo de Zaragoza.
La muestra de estas singulares piezas en la Aljafería será nuestra particular aportación a las efemérides que celebramos.
Todos estos acontecimientos que he citado vienen precedidos además por la reciente reforma de nuestro Estatuto, con la que Aragón se ha incorporado en pie de igualdad a las comunidades más desarrolladas. Entre todos hemos hecho un Estatuto de amplísimo consenso que viene a satisfacer en lo fundamental la histórica y profunda vocación autonomista de los aragoneses y nos brinda muchos resortes para seguir desarrollando la Comunidad y mejorar el bienestar de los ciudadanos.
Pero el nuevo Estatuto es un punto de partida. Completarla nos llevará más de 50 leyes y probablemente varias legislaturas, aunque ya nos hemos puesto en marcha.
En el discurso de mi elección como presidente anuncié la reforma del Reglamento de las Cortes y ya estamos en ello gracias al consenso e impulso de todos los grupos parlamentarios.
También he venido abogando siempre por la necesaria dignificación del trabajo de los parlamentarios y la reforma de la Ley Electoral. Hay ponencias trabajando ya al efecto, al igual que para la actualización y puesta en marcha de la Cámara de Cuentas, que completará el entramado institucional de la Comunidad.
Tengo que insistir además en la necesidad de agilizar los debates parlamentarios y ganar inmediatez para abordar las preocupaciones sociales. Para seguir avanzando en definitiva hacia el horizonte que nos marcamos con el emblema de nuestras Cortes: "Lugar de encuentros" y adaptar el Parlamento a los nuevos tiempos.
En este emblemático 2008 se celebran también dos eventos de extraordinaria importancia y complementarios: La Exposición Internacional de Zaragoza y el Bicentenario de Los Sitios.
Estoy seguro de que la celebración de la Expo será un éxito y dará un nuevo impulso a la proyección exterior de nuestra Comunidad y de España, especialmente, teniendo en cuenta que el lema de la muestra es el agua, que está en la esencia de nuestras raíces, nuestra propia identidad y la actualidad política.
El desarrollo sostenible ha sido además el gran argumento esgrimido siempre desde nuestra Comunidad en defensa de la garantía de recursos para nuestro futuro.
En todo caso, me veo requerido a hacer una apelación a la cordura, la sensatez, a huir de la demagogia, y a solicitar objetividad y prudencia en momentos de turbulencia como el que vivimos, convencido de que la razón y el consenso son nuestra mejor arma.
Las decisiones sobre la política hidráulica, y en general sobre el futuro de la Comunidad, tienen que ser adoptadas en los órganos que la Constitución y nuestro Estatuto de autonomía determinan y en ellos, sólo en ellos, debemos confiar plenamente.
Señoras y señores, el prestigio de un Parlamento también crece y se extiende merced al empeño común en contribuir al análisis, al debate y la actualización constante del pensamiento político. En este sentido debo destacar el efectivo papel que viene desempeñando la Fundación Manuel Giménez Abad, que en sus seis años de funcionamiento se ha consolidado como referente nacional e internacional en el ámbito de los estudios políticos y parlamentarios y como foro de reflexión y análisis especializado en la descentralización política.
La Fundación ha tejido en estos años una valiosa red de relaciones en Europa, Norteamérica e Iberoamérica. Precisamente una delegación representativa de todo nuestro arco parlamentario acabamos de volver de un provechoso viaje a Argentina y Uruguay, países donde Aragón está cada vez más presente.
La experiencia de la descentralización en España todavía requiere avances, particularmente con la conversión del Senado en una auténtica cámara territorial, tal como preveía en su espíritu la Constitución española y han defendido siempre estas Cortes. La solución de los problemas hidráulicos hace más patente la necesidad de este escenario.
Estoy seguro de que compartirá este criterio y este deseo el querido profesor Lorenzo Martín-Retortillo Baquer, catedrático de Derecho Administrativo, a quien hoy entregamos la Medalla de las Cortes en reconocimiento a su permanente defensa de los derechos humanos, la libertad y los principios y valores de las sociedades democráticas.
Decíamos antes, que 2008 es un año excepcional por diversas razones, entre otras porque se cumplen 25 años de nuestras Cortes y 30 de la Constitución. Lorenzo Martín-Retortillo ya estaba allí, haciendo gala de su compromiso con la sociedad, como senador independiente de aquella célebre Candidatura Aragonesa de Unidad Democrática y participando activamente en la redacción de la Carta Magna como miembro de la Comisión Constitucional del Senado.
Querido Lorenzo, ahora que también se cumplen 60 años de la Declaración Universal de Derechos Humanos, quiero darte las gracias por tu constante defensa de los mismos y por tu disposición a poner tus conocimientos al servicio de causas importantes, por tus aportaciones en la construcción de la autonomía aragonesa, por tu defensa de la Constitución, por tu vocación de servicio público, por tu inquietud cultural y humanística y por ser un buen maestro. Tu actitud, sin duda, es un ejemplo y un acicate para todos y especialmente para los que nos dedicamos a la actividad pública.
Concluyo. Estamos en un año grande para Aragón, lleno de acontecimientos importantes, relacionados con el desarrollo sostenible y el agua, pero ello no nos debe hacer olvidar este Año Internacional del Planeta Tierra, de aquellos que sufren, de aquellos que no tienen todavía acceso a agua potable, de aquellos tienen graves dificultades siquiera para subsistir.
Señorías, las Cortes han cumplido con modestia pero con dignidad el papel que les corresponde de creciente racionalización y elevación de la vida política.
Solidaridad, cooperación, colaboración, diálogo, respeto y firmeza son valores por los que Aragón ha mostrado su aprecio a lo largo de la historia, valores que estas Cortes han interiorizado como pautas que han de regir nuestro quehacer institucional por encima de nuestras lógicas discrepancias.
Les emplazo a seguir por ese camino para mejorar el bienestar de los aragoneses y asegurar el futuro de las siguientes generaciones.
Muchas gracias.
Excmas. e Ilmas. Autoridades.
Señoras y señores,
Amigos,
Bienvenidos a la sede de las Cortes de Aragón. Bienvenidos al Palacio de la Aljafería, casa de todos los aragoneses. Gracias por su asistencia a este tradicional acto en el que el Parlamento conmemora el Día de Aragón.
La celebración de este día es siempre un motivo de orgullo para todos los aragoneses. Acabamos de pasar dos procesos electorales sucesivos y nuestra séptima legislatura apenas acaba de comenzar, una legislatura que se presenta con grandes retos para la Comunidad autónoma.
Los nuevos diputados y diputadas traen aire fresco a esta Cámara y pueden infundir ideas nuevas para contribuir a dinamizar la actividad parlamentaria.
Por nuestra parte, los diputados veteranos debemos ser capaces de transmitir la experiencia y la ilusión renovada de trabajar por el bienestar de los aragoneses.
Entre todos los representantes públicos hemos de engrandecer y ennoblecer la vida política, haciendo una labor constante de pedagogía y aportando un plus de esfuerzo para superar el desapego político y vivir el espíritu ciudadano colectivo, tanto desde el Parlamento como desde el Gobierno, las corporaciones locales, las comarcas y todas las instituciones.
Señoras y señores, mirado en la doble vertiente de la política nacional y de la vida política aragonesa, 2008 podría catalogarse como año realmente extraordinario.
Ante todo por las efemérides que en él se celebran. Este año cumple tres décadas nuestra Carta Magna, la Constitución, una celebración que nos recrea una saludable realidad política que contrasta con los insanos recuerdos de una forma de gobernarnos reñida con la razón y con la ética.
También se cumplen ahora treinta años de aquella impresionante y pionera manifestación autonomista del 23 de abril de 1978, y visto con perspectiva, puedo afirmar con orgullo que nadie como los aragoneses ha demandado su autonomía de forma tan masiva, perseverante y cívica.
Igualmente se cumplen 30 años de nuestro primer gobierno preautonómico y 25 de la puesta en marcha de las grandes instituciones aragonesas, entre ellas, claro está, las Cortes de Aragón.
Hoy contamos con un Parlamento plenamente engarzado con las preocupaciones actuales y atento a modos y objetivos estrictamente democráticos.
Un cuarto de siglo de vida ya de nuestro Parlamento, que se erigió sobre la base del Estatuto aprobado un año antes, en 1982, nuestro primer Estatuto de Autonomía aparte del precedente nonato de Caspe de 1936.
Seis legislaturas ya y la séptima recién comenzada certifican lo acertado de la apuesta por la descentralización política, el autogobierno, en definitiva, el acercamiento de la administración a los ciudadanos.
En este tiempo se han forjado en el seno de estas Cortes dos o tres generaciones de políticos aragoneses que han sabido extraer las mejores esencias de la vida parlamentaria: el debate, la argumentación, la controversia dialéctica y el compromiso. Y que han dejado un legado vivo en una institución que puede y debe contemplar el futuro con orgullo y confianza.
El Parlamento procura algo que ninguna institución democrática es susceptible de proporcionar: la lucha de las palabras, la polémica enriquecedora, el reconocimiento del otro y la constancia viva de que es el contrario el que puede tener razón. A lo que se suma que es escuela de oratoria, casa natural de la oposición y lugar natural donde el gobierno ha de rendir cuentas de su gestión. Es decir, nos encontramos ante la pieza central sobre la que pivota la actividad política de la Comunidad.
Coincidiendo con nuestro vigésimoquinto aniversario, dentro de pocas semanas, diferentes estancias de las Cortes de Aragón se embellecerán con magníficos objetos procedentes del Museo Arqueológico Nacional y del Museo de Zaragoza.
La muestra de estas singulares piezas en la Aljafería será nuestra particular aportación a las efemérides que celebramos.
Todos estos acontecimientos que he citado vienen precedidos además por la reciente reforma de nuestro Estatuto, con la que Aragón se ha incorporado en pie de igualdad a las comunidades más desarrolladas. Entre todos hemos hecho un Estatuto de amplísimo consenso que viene a satisfacer en lo fundamental la histórica y profunda vocación autonomista de los aragoneses y nos brinda muchos resortes para seguir desarrollando la Comunidad y mejorar el bienestar de los ciudadanos.
Pero el nuevo Estatuto es un punto de partida. Completarla nos llevará más de 50 leyes y probablemente varias legislaturas, aunque ya nos hemos puesto en marcha.
En el discurso de mi elección como presidente anuncié la reforma del Reglamento de las Cortes y ya estamos en ello gracias al consenso e impulso de todos los grupos parlamentarios.
También he venido abogando siempre por la necesaria dignificación del trabajo de los parlamentarios y la reforma de la Ley Electoral. Hay ponencias trabajando ya al efecto, al igual que para la actualización y puesta en marcha de la Cámara de Cuentas, que completará el entramado institucional de la Comunidad.
Tengo que insistir además en la necesidad de agilizar los debates parlamentarios y ganar inmediatez para abordar las preocupaciones sociales. Para seguir avanzando en definitiva hacia el horizonte que nos marcamos con el emblema de nuestras Cortes: "Lugar de encuentros" y adaptar el Parlamento a los nuevos tiempos.
En este emblemático 2008 se celebran también dos eventos de extraordinaria importancia y complementarios: La Exposición Internacional de Zaragoza y el Bicentenario de Los Sitios.
Estoy seguro de que la celebración de la Expo será un éxito y dará un nuevo impulso a la proyección exterior de nuestra Comunidad y de España, especialmente, teniendo en cuenta que el lema de la muestra es el agua, que está en la esencia de nuestras raíces, nuestra propia identidad y la actualidad política.
El desarrollo sostenible ha sido además el gran argumento esgrimido siempre desde nuestra Comunidad en defensa de la garantía de recursos para nuestro futuro.
En todo caso, me veo requerido a hacer una apelación a la cordura, la sensatez, a huir de la demagogia, y a solicitar objetividad y prudencia en momentos de turbulencia como el que vivimos, convencido de que la razón y el consenso son nuestra mejor arma.
Las decisiones sobre la política hidráulica, y en general sobre el futuro de la Comunidad, tienen que ser adoptadas en los órganos que la Constitución y nuestro Estatuto de autonomía determinan y en ellos, sólo en ellos, debemos confiar plenamente.
Señoras y señores, el prestigio de un Parlamento también crece y se extiende merced al empeño común en contribuir al análisis, al debate y la actualización constante del pensamiento político. En este sentido debo destacar el efectivo papel que viene desempeñando la Fundación Manuel Giménez Abad, que en sus seis años de funcionamiento se ha consolidado como referente nacional e internacional en el ámbito de los estudios políticos y parlamentarios y como foro de reflexión y análisis especializado en la descentralización política.
La Fundación ha tejido en estos años una valiosa red de relaciones en Europa, Norteamérica e Iberoamérica. Precisamente una delegación representativa de todo nuestro arco parlamentario acabamos de volver de un provechoso viaje a Argentina y Uruguay, países donde Aragón está cada vez más presente.
La experiencia de la descentralización en España todavía requiere avances, particularmente con la conversión del Senado en una auténtica cámara territorial, tal como preveía en su espíritu la Constitución española y han defendido siempre estas Cortes. La solución de los problemas hidráulicos hace más patente la necesidad de este escenario.
Estoy seguro de que compartirá este criterio y este deseo el querido profesor Lorenzo Martín-Retortillo Baquer, catedrático de Derecho Administrativo, a quien hoy entregamos la Medalla de las Cortes en reconocimiento a su permanente defensa de los derechos humanos, la libertad y los principios y valores de las sociedades democráticas.
Decíamos antes, que 2008 es un año excepcional por diversas razones, entre otras porque se cumplen 25 años de nuestras Cortes y 30 de la Constitución. Lorenzo Martín-Retortillo ya estaba allí, haciendo gala de su compromiso con la sociedad, como senador independiente de aquella célebre Candidatura Aragonesa de Unidad Democrática y participando activamente en la redacción de la Carta Magna como miembro de la Comisión Constitucional del Senado.
Querido Lorenzo, ahora que también se cumplen 60 años de la Declaración Universal de Derechos Humanos, quiero darte las gracias por tu constante defensa de los mismos y por tu disposición a poner tus conocimientos al servicio de causas importantes, por tus aportaciones en la construcción de la autonomía aragonesa, por tu defensa de la Constitución, por tu vocación de servicio público, por tu inquietud cultural y humanística y por ser un buen maestro. Tu actitud, sin duda, es un ejemplo y un acicate para todos y especialmente para los que nos dedicamos a la actividad pública.
Concluyo. Estamos en un año grande para Aragón, lleno de acontecimientos importantes, relacionados con el desarrollo sostenible y el agua, pero ello no nos debe hacer olvidar este Año Internacional del Planeta Tierra, de aquellos que sufren, de aquellos que no tienen todavía acceso a agua potable, de aquellos tienen graves dificultades siquiera para subsistir.
Señorías, las Cortes han cumplido con modestia pero con dignidad el papel que les corresponde de creciente racionalización y elevación de la vida política.
Solidaridad, cooperación, colaboración, diálogo, respeto y firmeza son valores por los que Aragón ha mostrado su aprecio a lo largo de la historia, valores que estas Cortes han interiorizado como pautas que han de regir nuestro quehacer institucional por encima de nuestras lógicas discrepancias.
Les emplazo a seguir por ese camino para mejorar el bienestar de los aragoneses y asegurar el futuro de las siguientes generaciones.
Muchas gracias.
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