NO FUNCIONA FONT RESIZE Cortes de Aragón: Discurso del Presidente 06.05.2011
16 de mayo de 2012

Discurso del Presidente

Presidente  de Aragón,
Ana, Manuel, Borja
Parlamentarios, autoridades
Amigas y amigos,

Hoy hace diez años ETA asesinó a Manuel Giménez Abad. Hoy hace nueve años nos reuníamos por primera vez para rendir homenaje a su memoria y lo hacíamos constituyendo por acuerdo unánime de los cinco Grupos Parlamentarios de la Cámara la Fundación Manuel Giménez Abad de Estudios Parlamentarios y del Estado autonómico.

El transcurso de diez años es siempre una ocasión especial. En realidad, nada es diferente a otro año. Nada diferente, especialmente, para Ana, Manuel y Borja, para su madre, a los que hoy quiero reiterar mi solidaridad y cariño. Pero vivimos en sociedad y los usos sociales han hecho de determinadas cifras, símbolos. Quizá porqué somos olvidadizos, porque el hoy es pronto ayer y siempre antes de tiempo, olvido.

Cuando entre todos constituimos la Fundación, teníamos varios e importantes objetivos. Pero el primero de ellos era impedir que el olvido ganase la batalla. No podíamos devolver a su familia la sonrisa de Manolo ni al Parlamento su voz. Pero podíamos y debíamos impedir que el sonido del silencio de los ciudadanos aragoneses que en esos tristes días acompañaron a su familia se diluyese en el olvido. Con el nombre de Manolo, debíamos traer al consciente colectivo el recuerdo de todos los asesinados por todos los terrorismos. Su recuerdo y homenaje es un deber de las instituciones y de la sociedad. Su memoria, un valor irrenunciable que nos debe aglutinar a todos alrededor de las ideas y principios que fundamentan el orden democrático.

La Fundación nació con una hoja de ruta determinada. Nuestros objetivos eran claros y nítidos los principios que nos habían de inspirar. No deseábamos avanzar de cualquier manera. Desde el primer momento supimos que la mejor manera de honrar a Manolo era trabajar en un proyecto de futuro inspirado por los principios que definen el Parlamento y el Estado autonómico a los que él había dedicado con pasión su vida profesional.
 Difundir los valores de la democracia y de la libertad era hacer coincidir bajo su nombre su idea esencial del servicio público y la mejor causa de nuestro Parlamento.

Desde esos primeros días, el rigor en el quehacer cotidiano ha sido requisito de nuestro trabajo. Sabíamos bien que el camino no iba a ser sencillo, que son muchas las empresas bienintencionadas que quedan por el camino. Por ello, no dar un paso sin someterlo al más escrupuloso examen de exigencia, ha sido pauta constante. Quizá no fuese garantía de éxito pero sí del deber cumplido.

Y si el rigor ha sido exigencia indeclinable, no menos lo ha sido el pluralismo. Desde el primer día entendimos que la Fundación poseía el valor inimitable del pluralismo innato a su origen parlamentario. Si bien no es ajeno a la tradición parlamentaria, la realización de estudios y trabajos semejantes a los que en muchas ocasiones se realizan en la Fundación, sí es más singular hacerlo bajo la forma jurídica que adoptamos hace ahora 9 años. Bajo la misma, ha sido posible expresar y difundir toda la fuerza y riqueza del pluralismo, auténtico signo distintivo de la institución parlamentaria.

Puedo decir con legítimo orgullo que todas las voces han podido ser escuchadas en la Fundación. Puedo decir con ese mismo orgullo que su no adscripción a una ideología concreta es para aquellos que nos observan desde fuera una seña de identidad que la hace particularmente valiosa, incluso irrenunciable en el excesivamente polarizado escenario español.

Podría seguir extendiéndome en algunos de esos principios que nos han inspirado. Pero no debo alargarme. Sin embargo, me van a permitir que cruce mis palabras con la amistad. Evocar a Manolo es evocar la mejor imagen de la amistad. Bien lo sabemos los que tuvimos la fortuna de hacer con él ese camino. Pues bien, no es sino decir verdad afirmar que en gran parte la Fundación es hoy lo que es por la amistad. Si hemos crecido, si nuestras actividades se extienden incluso a instituciones y países que hace nueve años no hubiésemos podido imaginar, es en gran medida porque un largo listado de amigos nos han mostrado su apoyo más entusiasta y desinteresado. Me gusta especialmente poder decir en voz alta que la amistad a la que Manolo rindió culto ha sido el mejor aliado de esta empresa que lleva su nombre.

No es día para transmitirles con el detenimiento que exigiría dónde hemos llegado. Podría explicar que la Fundación, y con ella las Cortes de Aragón y Aragón mismo, es cabeza de lanza del más ambicioso proyecto de cooperación institucional de España en Iberoamérica. Podría explicar la singular posición que para el debate territorial en España nos otorga la colaboración preeminente con instituciones académicas alemanas o canadienses.

Pero hoy prefiero detenerme siquiera brevemente en una idea con la que Manolo pienso se sentiría especialmente satisfecho.

De Aragón para y hacia España, de España hacia y para Aragón. La organización territorial de nuestro Estado es objetivo esencial de nuestros desvelos. El reto que supone la construcción de un modelo territorial eficiente en lo político, social y económico, ha sido tema prioritario de nuestras actividades. Desde el inicio, fuimos conscientes de que el territorio aragonés es lugar de privilegio para focalizar la atención sobre este debate.

El equilibrio entre nuestra rotunda identidad histórica y nuestro ser aragonés y español ofrecía a interlocutores de las más variadas tendencias y geografías un espacio privilegiado para el debate. El marco solemne de este Palacio, sede parlamentaria, añadía un no menos importante marco escénico.

Hoy creo que puedo decir que hemos sabido aprovechar ese espacio. La Fundación, y con ella Aragón, es hoy un referente esencial para el debate territorial en un momento particularmente comprometido del mismo. Un referente que hoy quiere servir de manera activa a la integración positiva en el Estado de todas las sensibilidades y a un necesario debate sobre la eficiencia de un modelo, desde la premisa irrenunciable de su vigencia como instrumento de desarrollo, autogobierno y cohesión social.

Así, la Fundación es hoy un poderoso instrumento de difusión tanto de los valores que acompañan el ser y estar aragonés en el Estado autonómico como de los valores universales del parlamentarismo, al servicio de su renovación y de la mejora de la calidad democrática.

Debo finalizar. Otras voces acompañan y han acompañado mi discurso. Quiero felicitar a D. Antonio-Filu Franco Pérez y D. Enrique Cebrián Zazurca, así como a Doña Ana Haro González por la recompensa merecida por sus trabajos. También agradecerles su participación en nuestros premios, expresión de nuestra consolidación en el tiempo. Por otro, lado, permítanme saludar con especial cariño y agradecimiento al profesor Solozábal.

Si he tenido la oportunidad de describir nuestro itinerario como un camino desde la amistad, pocas personas como él lo pueden ejemplificar mejor. Su sabiduría y buen hacer nos han acompañado desde aquél inicio cercano a la ingenuidad y osadía. Su palabra, su consejo, nos ha hecho siempre pensar y mejorar. Por ello, le agradezco de manera muy especial que hoy nos pueda acompañar y en él quiero personificar todos los nombres propios que han hecho posible esta empresa.

Ana, Manuel, Borja. Amigos. Hemos luchado contra el olvido que seremos desde la libertad de conciencia y desde la conciencia del rigor. Desde la certidumbre de que nada podía reparar aquél crimen del 6 de mayo de 2001 pero que es misión de los vivos hacer del olvido, recuerdo. Que es misión de todos servir al ser público con lo mejor que tenemos. Como quiso e hizo Manuel Giménez Abad.  

Con la palabra. Con la amistad. En su recuerdo.