NO FUNCIONA FONT RESIZE Cortes de Aragón: Discurso del Presidente 20.05.2008
16 de mayo de 2012

Discurso del Presidente

Excelentísimo presidente de la Comunidad Autónoma,
Ilustrísimas autoridades,
Señoras y  señores,
Amigos todos,

Hoy es un día grande para nuestro Parlamento, para nuestra Autonomía y para nuestra Democracia. Un día de alegría para los aragoneses. Las Cortes de Aragón cumplen hoy 25 años. La casa por antonomasia de todos los aragoneses cumple un cuarto de siglo de funcionamiento desde su constitución en el Palacio de la Lonja de Zaragoza, tal día como hoy, en aquel tan lejano y a la vez tan cercano 1983.

Es un hito cargado de significado. Hoy contemplamos con satisfacción el camino recorrido hasta ahora y miramos el horizonte que tenemos delante con moderado optimismo. Hoy observamos que nuestro Parlamento ha crecido, se ha consolidado y tiene además una proyección inimaginable hace 25 años. La posición de fortaleza alcanzada por esta institución acredita la eficacia de la autonomía como vía idónea para el desarrollo, el progreso y el bienestar de los ciudadanos.

Hemos comprobado el acierto de aquella apuesta por la descentralización que se plasmó en el gran acuerdo constitucional de 1978.

Hoy celebramos por tanto la consolidación de nuestro autogobierno, nuestra aportación a la construcción del Estado de las Autonomías y el afianzamiento de ese invento extraordinario que es el parlamento, piedra angular de la vida política, sede del sistema de representación, herramienta incomparable para el contraste de pareceres y la resolución pacífica de conflictos y templo de la democracia, donde nace y rinde cuentas el poder Ejecutivo.

Queridos amigos. Es un placer volver por un día a esta tribuna de la que me despedí hace cinco años para asumir la alta responsabilidad que me otorgásteis y que tengo el honor de ostentar desde entonces. Sin descuidar la obligada neutralidad que me exige mi papel de árbitro en esta Asamblea, permítanme por una vez en una fecha tan señalada alguna pequeña licencia.

Permítanme el leve alarde de recordar que soy el primer presidente de esta Cámara que ha repetido en el cargo, sin que ello desluzca lo más mínimo los méritos sin duda mayores de mis predecesores que hoy nos acompañan y que tengo el placer de saludar: Antonio Embid, Juan Bautista Monserrat, Ángel Cristóbal Montes, Emilio Eiroa y José María Mur.

Algunos seguís en la política activa mientras otros habéis vuelto a vuestra esfera profesional. Pero sé positivamente que todos mantenéis la inquietud y el compromiso personal con la sociedad.

Recuerdo, Emilio, que en 2002, cuando te fuiste por la puerta grande en la Colegiata de Caspe, tras aquel pleno extraordinario que celebramos en la Ciudad del Compromiso para festejar el vigésimo aniversario de nuestro primer Estatuto de Autonomía, pronunciaste un deseo que hoy se hace realidad: que cumpliéramos las bodas de plata los dos únicos diputados que quedamos entonces de los que habíamos permanecido en las Cortes de Aragón desde la primera legislatura; a la sazón José Ángel Biel y un servidor. Estoy seguro que el vicepresidente aragonés compartirá conmigo el deseo de seguir todavía un tiempo…

Si antes presumía de ser el primer presidente de las Cortes en repetir en el cargo no era por vanidad… ¡Bueno, quizá un poco, pero no sólo por eso!

Como bien sabéis todos y algunos habéis sufrido en primera persona, las idas y venidas, los cambios constantes, la falta de referencias… Y en eso voy a barrer para casa con el papel fundamental de la Aljafería, el Palacio de la Aljafería, de su restauración, que hoy todos presumimos y en la que todos mis predecesores han tenido mucho que ver. Todos la sentimos como propia y como un símbolo que hay que mimar.

En su entrada al frente de esta Cámara en 1995, Emilio Eiroa reclamaba “la dignificación colectiva y de reconocimiento sobre la identidad de un pueblo que significa la plena autonomía”. Hoy por fin contamos con un Estatuto de primera fruto de un amplísimo consenso.

Un Estatuto que nos dota de instrumentos para afrontar el futuro con confianza, partiendo de que la realidad nunca es estática, sino dinámica, donde unas veces hay confluencia y otras divergencia de múltiples intereses políticos, territoriales y sectoriales dentro de esta España de las Autonomías y una Unión Europea en constante evolución.

No pretendo glosar todos los avances conseguidos en la Comunidad en estos 25 años ni tampoco detallar los muchos retos que todavía nos aguardan, pero sí quiero resaltar la importancia de las aportaciones de los sucesivos gobiernos y sus respectivas oposiciones, de las mayorías y las minorías, de todos en conjunto.

Como decía Juan Monserrat en 1987, “las Cortes de Aragón, como genuina representación de la voluntad del pueblo aragonés, han de ser, al mismo tiempo que plataforma de encuentro, caja de resonancia de las legítimas aspiraciones de todos y cada uno de los partidos políticos que integran esta Cámara”. Con mayor o menor acierto, creo sinceramente que todos hemos procurado ser fieles a este postulado y estar a la altura, poniendo la institución siempre por encima de las disputas partidarias por otra parte consustanciales al Parlamento.

Sólo daré unas pinceladas para ilustrar el enorme salto que ha dado este Parlamento. En una oportuna alegoría del célebre ballet de Stravinsky, decía Antonio Embid en la constitución de las Cortes hace veinticinco años que “es el momento de contemplar, con gozo, la consagración primaveral de la autonomía, de acoger con satisfacción el cierre de un periodo político y de participar en el desarrollo del siguiente, que se presenta difícil pero lleno de promesas”.

En aquel ejercicio de 1983 nuestro presupuesto inicial era de unos 100 millones… DE PESETAS. Sólo había un puñado de trabajadores, 16 en concreto al final del primer año, muchos de los cuales continúan aquí al pie del cañón, a quienes envío un afectuoso saludo. Era una época de dudas, pero vital y repleta de ilusiones colectivas que debemos preservar.

Hoy la plantilla está formada por 101 personas y además los becarios y los trabajadores de las diversas contratas que prestan servicios en la Cámara. A todos hago extensivo mi más sincero agradecimiento y reconocimiento por la calidad y la dedicación que ponéis en vuestra labor, sin la cual los diputados no podríamos desarrollar la nuestra.

No en vano la actividad parlamentaria se ha multiplicado exponencialmente en estos años, a lo que se suma la actividad cultural, tanto propia como en colaboración con otras instituciones y entidades, y las continuas visitas a este magnífico palacio de La Aljafería, Patrimonio de la Humanidad, testigo de nuestra historia y emblema de Aragón, que precisamente hoy también cumple veintiún años como noble sede de nuestro Parlamento.

Tan lejano y tan cercano a la vez. Así vemos, así percibimos hoy los inicios de nuestra andadura. Lo mismo ocurría cuando José María Mur accedió a la Presidencia de la Cámara en 1999: “Partiendo casi de la nada
–decía-, hemos hecho camino al andar, pero el camino recorrido no es más que una pequeña muestra de lo mucho que nos queda por hacer en esta tierra”. Unas palabras plenamente vigentes, porque los retos cambian igual que las circunstancias, pero los principios que rigen nuestra convivencia democrática han de ser inamovibles.

De Angel Cristóbal Montes -el ‘viejo zorro’ que le solía llamar un José Ángel Biel justamente correspondido con el mismo tratamiento-, siempre profesor, dentro y fuera de esta Cámara, recuerdo que cuando accedió a la Presidencia en 1991 expresó el siguiente deseo: “Que esta sea una escuela de altos políticos”. “Aquí está la arena política –dijo-, aquí está la palestra, aquí es donde se hacen, donde se han hecho y donde se harán los futuros líderes políticos aragoneses”.

Hemos de renovar sin duda tal empeño de forma permanente, y creo modestamente que lo estamos haciendo bien tanto dentro de casa, combinando el entusiasmo de los nuevos diputados y diputadas y la experiencia de los veteranos, como fuera, y ahí debo resaltar el brillante papel que desempeña la Fundación Manuel Giménez Abad como foro de reflexión y centro internacional de estudios políticos especializado en la descentralización, una materia que conecta con la misma esencia de este Parlamento.

Señorías, somos 292 los diputados y diputadas que hemos ocupado u ocupamos escaños en las Cortes de Aragón. La mayoría estamos hoy aquí. Algunos no han podido venir. Otros ya no están entre nosotros, aunque siempre nos acompañará su entrañable recuerdo.

Sixto Agudo, Valentín Calvo, Adolfo Gajón, Gregorio Garzarán, Manuel Giménez, Mesías Gimeno, Joaquín Maggioni, José Luis Moreno, Jesús Pérez, Carlos Piquer, Javier Sáez-Benito, Ramón Sáinz de Varanda, Pedro Sancho, Carlos Til.

Aunque no los veamos, ellos también están hoy aquí. Porque forman parte de todos nosotros. Porque han contribuido a construir lo que hoy somos: una Comunidad próspera, segura de sí misma y con un futuro ilusionante.  En ello estamos y a ello nos encomendamos todos.

Muchas gracias.