
Discurso del Presidente

Provincial de Aragón de la Compañía de Jesús,
Presidente de la Fundación Cultura de Paz,
Presidente y directora del Seminario de Investigación para la Paz,
Señoras y señores,
Conquistar espacios para la paz. Esa es la aventura cotidiana en la que Jesús María Alemany lleva embarcado al menos tantos años como desde que lo conozco. Personalmente puedo dar fe de su compromiso con la libertad y la democracia ya en la agitada y peligrosa etapa de la Transición española.
Su vocación pacifista, canalizada a través del Centro Pignatelli, le llevaría a fundar el Seminario de Investigación para la Paz hace veinticinco años, en 1984.
Curiosa y paradójica coincidencia: Precisamente el mismo año en que George Orwell había situado la distopía de un mundo sumido en el totalitarismo surgió en nuestra pequeña Comunidad aragonesa, en esta ciudad, un humilde y sencillo proyecto nacido de la esperanza de que siempre podremos aproximarnos al menos a la utopía. Un proyecto nacido de la profunda convicción de que un mundo mejor es posible, siempre que nos pongamos a construirlo cada día.
Por aquel entonces el mundo todavía estaba sumido en la ‘guerra fría’ y nadie podía imaginar que, tan sólo un lustro después, caería pacíficamente el Muro de Berlín, dando paso a una descomposición acelerada de la antigua Unión Soviética y a la desaparición del llamado ‘Telón de Acero’.
Pero otros muros, algunos físicos y muchos más invisibles e intangibles aunque igualmente dramáticos, han ido apareciendo a lo largo de todo el planeta.
De forma paralela a este devenir de la reciente historia, el trabajo del Seminario de Investigación para la Paz también ha evolucionado; desde una perspectiva inicial centrada en la seguridad militar frente a la amenaza nuclear, hacia un enfoque pluridisciplinar mucho más amplio, con una propuesta activa de cultura de la paz tanto desde el escenario internacional como desde ámbitos concretos de la sociedad.
La labor que, con esa perspectiva de propiciar acercamientos cotidianos hacia la paz, ha venido desarrollando el Seminario en estos 25 años fue merecedora el pasado 23 de Abril del Premio Aragón, la máxima distinción de la Comunidad Autónoma.
También fue reconocida en 1999 con la Medalla de las Cortes, principal distinción de nuestro Parlamento. A estos reconocimientos de las principales instituciones de nuestra Comunidad se suman otros galardones otorgados al Seminario en conjunto o a varios de sus miembros en particular.
Huelga por tanto abundar en los muchos méritos acumulados por el Seminario en el último cuarto de siglo. No obstante, he de resaltar como presidente de las Cortes nuestra satisfacción como miembros del patronato de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz.
La estrecha colaboración que venimos manteniendo con el Seminario nos ha permitido –a través de numerosos seminarios, cursos o publicaciones- hacer una aportación, quizá modesta pero que nos llena de orgullo, a la difusión de la cultura de la paz.
El compromiso con los valores asociados a esa cultura, como la justicia social o la solidaridad, nos atañe a todos los ciudadanos y en especial a los que tenemos la responsabilidad de representar a los demás y defender los intereses colectivos.
Hace un momento, el presidente de la Fundación Cultura de Paz y ex director general de la UNESCO, Federico Mayor Zaragoza, nos ha brindado un lúcido y estimulante análisis sobre el diálogo como aprendizaje para la paz. Por sí solo el título de la charla ya resultaba de antemano realmente atractivo y sugerente, pues, como saben, el diálogo es el fluido vital del parlamentarismo, que a su vez constituye el núcleo central del ordenamiento institucional de las sociedades democráticas.
Solamente con los instrumentos del diálogo, la cooperación y la reflexión y con altas miras en pos de una justicia social universal se podrá avanzar en la superación de conflictos y la construcción de un futuro sostenible para la humanidad.
La actual crisis, que golpea sobre todo a los parados, no sólo es una crisis económica, sino también una crisis de modelos y arquetipos sociales. De momento ya ha quedado patente que las soluciones aisladas no sirven, porque acaban siendo meros parches temporales, y que la convivencia pacífica entre los seres humanos sólo será viable conforme los derechos fundamentales, la democracia, la tolerancia, la justicia o el respeto al medio ambiente se extiendan en todo el planeta.
En esa dirección debemos avanzar progresivamente como viene haciendo desde hace años el Seminario bajo la premisa de que “para construir la Paz se han de ir haciendo las paces a nuestro alcance”.
Gracias al Seminario por su contribución a recorrer ese camino desde el respeto y la solidaridad.
Muchas Felicidades.
Discursos del Presidente
