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José Luis Corral capitanea un viaje en el tiempo para recrear la conquista de Zaragoza por Alfonso I El Batallador desde el Palacio de la Aljafería

José Luis Corral capitanea un viaje en el tiempo para recrear la conquista de Zaragoza por Alfonso I El Batallador desde el Palacio de la Aljafería
El escritor e historiador, acompañado del actor Jesús Pescador y el músico Antonio Poves, han recreado este episodio histórico, del que ahora se cumplen novecientos años, en un acto multidisciplinar organizado por el Servicio Gestor del Palacio de la Aljafería que ha congregado a más de un centenar de asistentes

Zaragoza, 21/11/2018.- El escritor e historiador José Luis Corral ha propuesto esta tarde un viaje en el tiempo alimentado por su palabra y aderezado por los instrumentos y el teatro de la compañía Los Navegantes como forma de conmemorar los nueve siglos que ahora se cumplen de la conquista de Zaragoza por Alfonso I El Batallador, a través de una conferencia itinerante organizada por el Servicio Gestor del Palacio de la Aljafería a la que ha asistido más de un centenar de asistentes.  

Corral ha conducido al público asistente hasta ese hito de la ciudad, “la fecha más importante desde su fundación porque cambió la historia, la fisonomía y la idiosincrasia de Zaragoza”. Desde el nacimiento de Alfonso, hijo del rey aragonés Sancho Ramírez y llamado a desarrollar una carrera eclesiástica truncada por su ardor guerrero, pasando por el esplendor de la taifa de Saraqusta con las figuras de Al Muqtadir y el filósofo Avempace, el papel desempeñado por Rodrígo Díaz de Vivar, el asedio de Zaragoza por las tropas cristianas, la posterior rendición capitular, el desarrollo de los barrios y la continuación de la carrera militar del ya Alfonso I El Batallador, impulsada según ha explicado Corral por el mesianismo de quien se cree llamado a una causa trascendental.

Este apasionante recorrido se ha visto enriquecido por las intervenciones del actor Jesús Pescador y el músico Antonio Poves, integrantes ambos de la compañía de Teatro Los Navegantes, que han ilustrado y ambientado la época con sus actuaciones teatrales y musicales y han sacudido y animado al público con el que incluso han interactuado haciéndole partícipe de las proclamas musulmanas en honor al Cid.  

Corral ha ido trazando el perfil del joven Alfonso como si estuviera subiendo por los peldaños de las escaleras que conducen a la estatua que recuerda al conquistador de Zaragoza en el Parque Grande. Cada vez más grande y majestuosa, comenzando por la base, cuando estaba llamado a ser un simple abad u obispo, el historiador ha recordado su periodo de formación en los monasterios de San Pedro de Siresa y de San Juan de la Peña mientras en su interior crecía la llama de la guerra contra los musulmanes.

En su biografía se cruzan de manera aparentemente inopinada varios personajes que, como ha destacado el escritor darocense, a la postre resultarán determinantes, como Esteban, su maestro de gramática, luego convertido en obispo de Huesca y que fue decisivo para que no decayera el asedio definitivo sobre Zaragoza, y el noble Gastón de Bearn (luego nombrado señor de Zaragoza), quien en su visita camino de Tudela al entonces joven Alfonso y señor de Biel le pudo influir en la idea de la guerra santa.

Corral también ha tenido tiempo de apuntar detalles fuera del foco central de la historia como la condición homosexual de Alfonso y su tormentoso matrimonio político con doña Urraca, que incluso condujo a ésta a ser encerrada en una torre del castillo de Torres de Berrellén, o la manoseada figura del Cid, aclamado por los musulmanes por sus campañas de apoyo durante las batallas con los cristianos (“Nadie lo hay ni lo habrá más grande que el Cid”).  

Entre el discurso didáctico del escritor han ido intercalándose las apariciones de Pescador y Poves, que caracterizados con ropajes de la época, han recreado distintos momentos históricos alrededor de la conquista de Zaragoza introduciendo comentarios mordaces no tan desapegados de la actualidad y haciendo sonar instrumentos como el organistum, la zanfoña y la nyckelharpa.

La convivencia entre musulmanes y judíos, ahora idílica, frente a la animadversión cristiana, la vida en el Palacio de la Aljafería con Al Muqtadir, el victorioso, y el ilustre filósofo zaragozano Avempace, de quien Corral ha contado que aprovechó sus extraordinarios conocimientos sobre astronomía para maravillar a los suyos haciéndoles creer que la luna desaparecía a su antojo.

La atemperada palabra de Corral ha ido dejando pinceladas que dan color a lugares, nombres y hasta diseños de zonas de la Zaragoza actual, sembrados muchas veces de los grises del desconocimiento y el conformismo. El origen y la importancia de Juslibol, término procedente del grito de guerra “deus lo vol”, dios lo quiere, la antigua situación del palacio de la Aljafería sobre un altozano y no en el foso actual, las capitulaciones firmadas en la rendición de la ciudad, que para Corral “demuestran la magnanimidad extraordinaria del rey Alfonso para aquella época” y que influyeron en el desarrollo posterior de los barrios fuera de la muralla. Y hasta la apuesta repobladora del ya entonces rey Alfonso I El Batallador, que bien podría servir de inspiración en la actual España vacía con su empeño en atraer gentes a las tierras yermas por él conquistadas concediendo fueros para que los recién llegados fueran “ingenuos”, esto es, que no pagaran impuestos o incluso repartiendo amnistías en el caso de los que se instalasen en el castro de Belchite.  

El viaje en el tiempo ha concluido con el traslado físico de asistentes y artistas frente al Salón de los mármoles, donde en su momento personajes como Al Muqtadir, Avempace, Rodrigo Díaz de Vivar y Alfonso I desempeñaron un papel determinante para la historia de la ciudad.

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