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Jesús Santamaría, la fábula de la liebre y la tortuga desde la ciencia

Jesús Santamaría, la fábula de la liebre y la tortuga desde la ciencia
El catedrático de Ingeniería Química de la Universidad de Zaragoza y subdirector del Instituto de Nanociencia de Aragón ha compartido su entusiasmo por el conocimiento con las periodistas Amelia Almau y Eva Pérez en una nueva edición del ciclo Conversaciones en la Aljafería celebrado en la sala Goya del Palacio

Zaragoza, 10/04/2019.- Estrellarse una y otra vez contra el muro de lo desconocido, pelear por una financiación llena de trabas por la incomprensión política y sentir que corres a paso de tortuga cuando un colega a miles de kilómetros te levanta la liebre. Todos esos obstáculos se superan “con pasión por tu trabajo”, tal y como ha defendido esta tarde el catedrático de Ingeniería Química de la Universidad de Zaragoza, Jesús Santamaría, durante la amena charla mantenida esta tarde con las periodistas Amelia Almau y Eva Pérez Sorribes en una nueva edición del ciclo Conversaciones en la Aljafería celebrado en la sala Goya del Palacio sede de las Cortes de Aragón.

Esa pulsión por ir más allá, tan propia de los investigadores, es lo que lleva décadas empujado a Santamaría a pertrecharse de un conocimiento omnímodo que le ha convertido en subdirector del Instituto de Nanociencia de Aragón (INA), pero también en escritor ('Akademeia' es su primera novela), divulgador de ciencia y monologuista. “Nunca he ido a disgusto a trabajar, sino silbando de alegría porque, aunque sufres frustraciones y te encuentras muchos problemas, cada día te encuentras cosas distintas y, si te puedes dedicar a ese proyecto que te excitaba, entonces eres feliz”, ha confesado.  

Ahora mismo el motor de su entusiasmo es la sintetización de nano materias con aplicaciones como la lucha contra la guerra química, el supramagnetismo, el efecto plasmónico y la siguiente generación de catalizadores. “En el INA no hacemos nada que no creamos que sirve para algo, no hacemos ciencia por amor al arte, pese a que respeto mucho los grupos de investigación teórica y pienso que también tienen que existir”, ha aclarado. Si la humanidad tiene ahora mismo un agujero negro ante sí, ése es el cáncer. A salvo del ansia periodística por ofrecer resultados ya y de algunos titulares grandilocuentes generadores de falsas expectativas, Santamaría ha aclarado que “la cosa va lenta, pero va”. “Trabajamos desde hace tiempo en la aplicación de la catálisis para cortar los nutrientes de las moléculas tumorales o, por qué no, conseguir un producto tóxico que se las cargue”, ha explicado.

Por si no fuese enorme el desafío al que se enfrenta un científico, la burocracia nacional se encarga de agrandar ese desasosiego. “Cuando consigues que te aprueben un proyecto después de un tiempo, el campo de la investigación puede haber cambiado y si necesitas modificaciones como nuevos materiales o más contrataciones, aparece la burocracia, en España basada en la desconfianza porque da por hecho que puedes mentir y has de demostrarlo todo, lo que lleva a sufrir verdaderas dificultades para gastar el dinero, como si comprásemos sillas”, ha criticado.       

Y, mientras, los científicos chinos adelantando por la derecha. “Su curva de aprendizaje es impresionante, tienen agilidad para moverse y el Gobierno chino invierte brutalmente en investigación”, ha resaltado, como contraposición a la política desarrollada por España, que a su juicio, “falla estrepitosamente” en materia de patentes. En esa competencia mundial y “extrema”, el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), escenario de su novela, es el paraíso idílico de todo investigador. “En Estados Unidos, si eres científico y lo haces bien te recompensan fantásticamente y con generosidad. Allí una idea nueva se puede hacer realidad a velocidad de vértigo porque la sociedad está convencida de que la investigación es súper rentable y funciona como una aspiradora de talento”, ha descrito.   

“¿Y por qué no nos lo creemos aquí?” La pregunta lanzada por ambas periodistas ha encontrado el escepticismo del científico ante la sucesión de campañas electorales que se avecinan. “Veo muy poco interés. No nos damos cuenta de que nos estamos jugando el futuro. Los políticos no pueden recortar en investigación porque no es cara y cada euro destinado multiplica su rentabilidad”. Pese a todos los problemas y aunque al final del camino espere el fracaso, para Santamaría “la recompensa personal de pensar que has contribuido al avance del conocimiento hace que sientas que todo ha merecido la pena”.

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