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Carlos López Otín, el hombre que buscaba la armonía de las moléculas

Carlos López Otín, el hombre que buscaba la armonía de las moléculas
El investigador científico aragonés ha sido el protagonista de una nueva cita del ciclo ‘Conversaciones en Aljafería’, en la que ha estado acompañado de la profesora de Genética Rosario Osta y la doctora Concha Gimeno, de la Universidad de Zaragoza, además de casi un centenar de personas que han acudido a escucharle

Zaragoza, 04/04/2016.- El Palacio de la Aljafería ha acogido esta tarde una nueva sesión del ciclo cultural ‘Conversaciones en la Aljafería’, que ha tenido como protagonista al investigador oscense Carlos López Otín, que, acompañado de la profesora de Genética Rosario Osta y la doctora Concha Gimeno, de la Universidad de Zaragoza, ha compartido sus éxitos profesionales y su filosofía vital con alrededor de un centenar de personas que se han acercado a la Sala Goya a escucharle. A través de un leguaje muy cercano, López Otín ha explicado que inició sus trabajos sobre el cáncer porque “es lo que nos hace más vulnerables”, mediante una hipótesis hasta entonces no planteada que definía a estas células como “viajeras”, y con las que “decidimos averiguar cómo van de un lugar a otro” y “navegar para descubrir genes”.

Durante la entrevista, sus acompañantes han pedido a López Otín que explicara cuál fue la razón por la que decidió trasladarse a la Universidad de Oviedo, cuando podía haber desarrollado su trabajo en ámbitos académicos de mucho más prestigio. “Nunca fui ambicioso, excepto en el conocimiento”, ha respondido rápidamente el entrevistado, que, a continuación, ha explicado que nació en un sitio pequeño y el mundo cercano es el que le gusta, mientras que las grandes ciudades le parece demasiado grandes. “Severo Ochoa se enfadó por mi decisión y muchos me dijeron que estaba tomando una decisión equivocada porque llevaba muchos años con un camino muy bien trazado y lo iba a romper”, y, sin embargo, “desde que llegué a Oviedo me gustó muchísimo”.

Una de las razones por la que se sintió a gusto se debió a que, además de investigar, López Otín quería ejercer la docencia. “Cada curso tengo acceso a trescientos alumnos nuevos, que son vidas jóvenes, pujantes, llenas de ilusiones y de incertidumbres y dudas. La posibilidad de orientar y dirigir estas vidas hacia donde ellos quieran es una gran responsabilidad, pero la mejor de las tareas. Cuando te das cuenta de que estás cambiando la vida de un chico, es una sensación incomparable”.  

López Otín ha desarrollado su exitosa vida profesional fuera de Aragón, pero fue en Zaragoza donde descubrió la biología molecular. “Un profesor, ya desaparecido, Horacio Marco, fue muy inspirador para mí”. Él fue quien le explicó lo que era la biosíntesis de las proteínas, cuando nuca había oído hablar de aquello y “cuando aún se estaban descubriendo, y me pareció algo mágico”. Por esa razón decidió partir a Madrid, porque en la capital aragonesa no existían este tipo de estudios.

Por último, Otín ha dado una primicia sobre un nuevo trabajo que está a punto de publicar en el que pretende explicar que “todos somos un ecosistema en el que influyen nuestros genes, pero también otras dimensiones, como el diálogo entre las células y el organismo y el ambiente que nos rodea, en el sentido más amplio de la palabra”. Un principio que este investigador aplica en su filosofía de vida. “Trato de mantenerme en armonía molecular y así es como defino cómo quiero vivir”, algo que también está relacionado con “no tener grandes ambiciones y, sobre todo, ninguna que no se pueda cumplir, porque eso lleva a la frustración”

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