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Pérez Latorre o la tragedia que surca los colores

Pérez Latorre o la tragedia que surca los colores
El arquitecto del Auditorio y el museo Pablo Serrano ha dialogado con el periodista y escritor Antón Castro sobre su exposición pictórica ‘El mar de nuestros muertos’, una visión sobre la fenómeno de la emigración en el Mediterráneo que puede verse en el Palacio de la Aljafería hasta el próximo siete de marzo

La habitual “discontinuidad entre emociones” del telediario y su ordinario paso del drama a la anécdota más fútil terminó por encocorar al artista, que hizo del pincel extensión de su corazón para demostrar que es capaz de sentir lo que ve. Esa quemazón por la tragedia de las pateras que naufragan en el Mediterráneo ante los ojos de búho de Occidente fue la palanca que movió al arquitecto y pintor José Luis Pérez Latorre a comenzar hace casi una década una serie de dibujos, luego pinturas, que “el ojeador” Fernando Sanmartín animó a agrupar en una exposición en el Palacio de la Aljafería que puede visitarse hasta el próximo siete de marzo y que el autor ha recorrido de manera virtual en un diálogo ilustrado con el periodista y escritor Antón Castro,retransmitido a través de la página web de las Cortes de Aragón y su canal de Youtube.

 

El Mediterráneo es escenario y a la vez personaje de una exposición en la que el artista señala la responsabilidad de la civilización occidental en el drama diario de las chalupas neumáticas que riegan de muertos nuevamente un ‘Mare Nostrum’ que ya acercó Vicente Blasco Ibáñez durante la I Guerra Mundial en sus diferentes estratos. Todos ellos son retratados por Pérez Latorre: los bañistas despreocupados, la barca de recreo que se cruza con las pateras de la santa compaña, el banquete festivo en el muelle, el batel y la inmensidad del mar “que debía haber ocupado toda la pared”. Vestido éste con un marco ondulante de blanco y oro adquirido en la Costa Brava “que sugiere el oleaje”, siempre el mar con su luz cambiante y todos los colores “porque la tragedia se pinta en color como la vida misma”, sostiene habitualmente Pérez Latorre, que hoy ha recordado el contraste del verdor del bosque y la brutalidad de las bombas en los diarios del escritor alemán Ernst Jünger.          

 

Dispuesto el relato de la tragedia, Antón Castro ha colocado al artista frente a un espejo que ha devuelto la imagen de un reconocido arquitecto, autor en su día de iconos zaragozanos como el Auditorio y el Pablo Serrano, al que “la voluntad de transformación” de finales de los sesenta y el buen consejo de su mujer le convencieron para simplemente disfrutar de su pasión por la pintura. Una pintura “narrativa” y “ecléctica”, de un autor que frente a la sugerencia del entrevistador de grandes influencias ha hablado de “un vocerío de pintores”.  “Hace falta ser muy humilde y esperar que te den por todos los lados o ser muy atrevido para hacer esta exposición”, ha terminado compartiendo. 

 

El conductor de la charla ha indagado entonces el compromiso social del autor Pérez Latorre. “¿Puede ser este tu trabajo más contestatario?”. El arquitecto ha removido en su mente los planos del Auditorio para apuntar audacias contestatarias como el teatro en contra de la Ópera Garnier de la burguesía, el deambulatorio, el movimiento al mismo nivel y el palco de autoridades en un lateral. Contra el hall enorme al que la gente iba a ser vista, el teatro de palcos, el Panóptico de Bentham y su control por la autoridad, y siguiendo la línea del teatro más clásico recuperada por el Bayreuth de Wagner. “El problema de la arquitectura es que las economías las tiene sólo el poder, esté en manos de quien esté, y, por tanto, más allá de tu imaginación, no hay otra contestación, sino una reflexión sobre ciertos  modelos tipológicos”, ha razonado. 

 

Y también ha reivindicado “la esencia del niño que fue” en la entrada lateral de su obra magna en la que reprodujo el mismo acceso esquinado del Pilar y su descubrimiento del espacio mediante una visión en diagonal. “Debes sentir que trabajas para tu ciudad, que necesita unos elementos referentes, pero sí tienes que saber, obligatoriamente, que tú vas a desaparecer y los edificios serán anónimos”, ha rematado durante una intensa charla que ha rebasado la hora de duración.

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